...en esta etapa cuando comienza a cambiar nuestra percepción del entorno y la percepción de los otros hacia nosotros he podido aprender que lo frívolo puede ser importante o al menos es una parte de la vida no tan despreciable como cuando me tomaba las cosas más en serio; así les presento este blog tan intrascendente como otro cualquiera.


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Wednesday, March 10, 2010

El sueño de anoche

Cuando somos incapaces de contar una película o una historia leida en algún libro queda, quien nos escucha la narración tiene la opción de ver o leerlos; pero ¿qué hacer con los sueños?, no sólo son enteramente personales sino irrepetidos.
No obstante su caracter inhaprensible me gusta contar los sueños, aquellos que puedo recordar, claro, que son los menos; casi todas las noche tengo sueños aunque sean cortos, la mayoría de las veces tengo la certeza de haber soñado pero no recuerdo absolutamente nada. Cuando trato de contar un sueño generalemente voy recordando las “escenas” en retrospectiva finalmente llego al principio y puedo narrarlo con cierta coherencia... sin exagerar claro, los sueños son de une dimensión extraña y por ello son intraducibles en palabras... a pesar de todo eso hoy me lanzo con este de ayer el cual fue muy agradable a diferencia de muchos otros.
Este sueño comenzó en un almacén de dos pasillos anchos en “L” con piso de cemento pulido, al final de una de las alas había acceso a la oficina de la manager de aquél negocio (una tienda supongo), la oficina era una gran caja fuerte; el final de la otra ala estábamos metidos una decena de personas en una caja plástica semitransparente, de esas que se usan, con una tapa plana encima, para guardar cosas, todos sentados en el fondo, con las piernas recogidas a ambos lados de la caja en dos filas apretadas, el borde de esta llegaba como a la altura de la axila; la manager quería separar hombres y mujeres; sólo dos mujeres había en el extremo de la caja, al lado mio; se suponia que estábamos esperando el fin del mundo; yo miré el techo a lo alto y supuse que se iba a rajar y nos caería encima y mi instinto sería porteger a la muchacha a mi lado pero a su vez me decía que era injusto que mi esposa no estuviera allí conmigo para abrazarnos.
En la siguiente escena mi esposa y yo habíamos muerto, estábamos en un apartamento similar al de mi infancia, pequeño, de un solo cuarto; como habiamos muerto éramos invisibles a los demás, este lugar era una especie de estación intermedia entre la vida y la muerte; allí tomé a mi mujer y nos tumbamos en la cama uno encima del otro, ella tenía el rostro cubierto y cuando la destapo su cara no era la misma, pero yo sabía que era ella y le dije acerca de su rostro cambiado.
Después yo salía del baño y ella no estaba, pensé que se había enojado por haberle dicho que estaba diferente y comencé a lamentarme en un canto con una voz potente de tenor, era una cancion bien bella; en eso entró un personaje, hombre, ni joven ni viejo, quizás algo rubio y de barba, vestía chaqueta, quizás se parecía a Chuk Norris; yo le reclamé la ausencia de Rubby, era como un “enviado”; entonces me entregó un par de boletos para el teatro, me los mandaba Rubby (mi esposa) porque había reunido dinero y me estaba invitando a encontrarme con ella.
Inmediatamente estaba yo mirando un coro de niños y adolescentes, Rubby estaba allí pero era invisible, los niños sabian de ella pero al directora de coro-maestra no; le dejaban lugar porque ella ocupaba un espacio pero no se veia; ellos interpretaban una pieza y entonces Rubby sale de su fila y saca a una niña a bailar, la maestra miraba esto con extrañeza pues solo veia a la niña (de unos nueve o diez años, rubia, delgada); yo vine como a “rescatar” a Rubby, venía vestido como un personaje de las peliculas de horror americanas, ese que lleva capucha y una careta blanca de barbilla alargada hacia abajo y ojos llorones, mi vestimenta era negra y violeta; me llevo a Rubby por una ventana a lo alto; estábamos en le techo de una casa de tejas rodeados de los tejados de otras casas, era la hora de irnos a otro lado, de pasar a otro estado y vimos entonces como nos ibamos al cielo oscuro y estrellado, ibamos adquiriendo diferentes formas, pequeños puntos de luces rojizas, palomas, rayitas, siempre éramos dos elementos, se veian en el cielo como en la pantalla de un computador y yo le decia a Rubby que aunque cambiáramos de estado ibamos a estar siempre juntos, terminamos siendo dos estrellas pequeñas, una al lado de la otra, en el cielo.

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