...en esta etapa cuando comienza a cambiar nuestra percepción del entorno y la percepción de los otros hacia nosotros he podido aprender que lo frívolo puede ser importante o al menos es una parte de la vida no tan despreciable como cuando me tomaba las cosas más en serio; así les presento este blog tan intrascendente como otro cualquiera.


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Sunday, September 25, 2011

Me quedé sin vesícula.

He pasado por la experiencia de una intervención quirúrgica, la segunda en mi vida (descontando la estracción de cordales); la primera fue de hernia enguinal en las vacaciones antes de entrar a la secundaria asi que poco me acuerdo, fue en el hospital ¨William Soler¨en La Habana y me dejó una cicatriz horizontal de apenas dos pulgadas en la parte superior del pubis.
Esta vez, algo más conciente de todo lo que me rodea me fue duro deshacerme de una parte de mi pero era necesario; hacía más de un año andaba con dolores cada vez más intensos debido a las piedras, por ser estas pequeñas podian potencialmente pasar a no sé que conductos y obstruirlos y la madre de los tomates...
Esto es una operación ambulatoria, se hace practicando tres orificios en la panza, uno para una cámara, qué tecnologia!; claro que antes de ese 23 de septiembre cuando me sometí a tal proceso hubo varios exámenes médicos que me han retenido por un par de meses en Colombia... hoy sólo relataré la incómoda cicunstancia de la operación.
La cita era para la una de la tarde, llegamos antes del mediodía a una muy buena instalación hospitalaria en el norte de Cali con personal muy amable; alrededor de las doce me entraron a un saloncito o baño donde me indicaron desvestirme y ponerme una bata abierta atrás y tres piezas, una para la cabeza, las otras dos para cada pie con elástico para ajustarse a estas partes; era como andar en babuchas y una boina parecida a la de los retratos de Rembrant; de ahi en adelante Rubby le fue prohibido seguirme; me sentaron en un butacón sencillo, sin brazos, tapizado de vinil negro, en un pasillo por donde pasaba frecuentemente personal del hospital, casi todos mujeres bajitas, jóvenes tirando a robustas o al menos asi se veian en sus uniformes; todo era de color azul y verde claro; se me aceró una enfermera, me explicó que debía ponerme un antibiótico como prevención y me instaló un suero pinchándome el dorso de la mano y cubriéndolo con esparadrapo para sostener la aguja; al rato regresó y me dijo ¨le traigo compañía¨ y me sentó al lado a una señora bajta y apocada con quien intercambié pocas palabras; nos alcanzó el cambio de turno del mediodía así que más adelante me atendió otra enfermera; en un momento escuché un llanto de niño reciennacido y supe que allí se practicaban cesáreas, vi también trasladar al bebé y a la madre.
Después de un tiempo interminable me invitaron a pasar a un salon inmediato con un cartel arriba que decie ¨legrados¨ y alli subirme a una camilla metálica, asi lo hice, alli estaba el anestecista, un personaje de barba corta semicanosa, tres o cuatro enfermeras y luego llegó el doctor, de apellido Robert, jóven, creo que rubio, a quien pregunté a modo de broma que cuando podría comer chocolate; me dijo que me dormiría en seguida y me despertaría ya operado, que en catorce dias podría retomar todas mis actividaes normales y que no tomara lácteos en un mes, los demás alimentos yo mismo los iria tolerando según mi propia experiencia; también me avisó que me levantaría la bata para limpiarme el vientre; pensé que me dormiría de a poco y miraba el marcador de mi presión arterial que si no me equivoco era de 93 con 78 , lo cual, pensé, era muy bajo; me habian atado los brazos como en cruz a los lados y estaba incómodo lo cual le hice saber pero poco caso me hicieron, en mi brazo derecho estaba el tensiómetro inflándose automáticamente; también me pusieron esas ventosas de electrocardiograma y una mascarilla plástica de respiración... no sé en cual momento quedé profundamente dormido.
Creo que antes de despertar soñé algo pero no recuerdo qué... al abrir los ojos sentí una incomodidad tremenda en la garganta y unas ganas tremendas de semi incorporarme; se me acercó una enfermeda muy joven y delgada, me dijo que si quería me quitara la mascarilla; pero que tuviera cuidado de incorporarme porque estaba sangrando por el esfuerzo, me acomodó la cama, o camilla, para que estuviera mejor; eso había sido todo, ya estaba sin vesícula... pregunté la hora a la enfermerita pero no recuerdo cual me dijo... alrededor de las seis de la tarde, 24 horas sin comer ya, llegó Rubby con la ropa para vestirme y sacarme de allí; la habian acompañado desde temprano dos cuñados, Edinson y Anuar quienes tuvieron la gran gentileza de estar alli; con ellos esperé en la cafetería del hospital tomado manzanillas (no había otra cosa adecuda para mi alli) mientras Rubby coordinaba el transporte de regreso a Buga... eso va para otra historia.

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