...en esta etapa cuando comienza a cambiar nuestra percepción del entorno y la percepción de los otros hacia nosotros he podido aprender que lo frívolo puede ser importante o al menos es una parte de la vida no tan despreciable como cuando me tomaba las cosas más en serio; así les presento este blog tan intrascendente como otro cualquiera.


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Wednesday, September 28, 2011

Muerte súbita.

Me pregunto qué pasaría si muriera hoy mismo contemplando la lluvia... ¿para qué habré vivido si no he hecho nada de lo planeado? ¿Para quién o quienes he sido relevante?...¿Es todo eso importante?... a decir verdad, cuando me sorprende la fulminante catástrofe personal mis pensamientos no andaban por ese lado filosófico, sino por el lado práctico, logístico, del asunto... en las cosas por hacer... en los pendientes, por ejemplo no dejé una nota con instrucciones diciendo adonde llevar el paquete encerrado en el maletero de mi auto o qué hacer con aquél otro que llegará en unos días... aún en casos de personas de avanzada edad o de enfermedades terminales la muerte es un imprevisto y se pueden quedar hasta deudas sin pagar a amigos que no lo merecen. No sé si el banco permitiría cambiar un cheque de alguien dado de baja de este mundo teniendo en cuenta que la fecha es posterior al deceso; en cualquier caso sería prudente alterarla sin cargo de conciencia, no es un fraude en ninguna manera, cobramos lo nuestro seguramente con la anuencia del deudor mas los vericuetos legales se limitan a este mundo.
Un infarto o un paro cardíaco me ha sorprendido sentado en blando asiento del carro esperando a que aflojara el aguacero para entrar al apartamento provocando, en fracciones de segundos de un tiempo de todas maneras sin sentido para medir, todas estas dudas... no me da tiempo, aún en el lado donde el tiempo tiene algún sentido, a marcar el número de urgencias en mi teléfono portátil que llevo en el bolsillo y así sentado es difícil de sacar... Los vecinos me ven allí sentado con mi impermeable amarillo, mi cabeza ladeada... quizás se durmió...
Mi esposa me espera en la puerta de su trabajo pero, como es de suponer, no la voy a recoger porque ya no existo.... el que fue mi cuerpo, aun sin signos de descomposición a lo que pudiera ayudar el aire acondicionado aún soplando sobre la cara, sigue sentado en el mismo sitio del principio de la narración... Rosa se decide a venir a pie esperando cruzarse conmigo a los pocos minutos como otras veces cuando me he entretenido escribiendo cuentos absurdos, a mitad de camino está un tanto preocupada y otro tanto enojada... "si no tiene una buena justificación, ¡lo voy a matar!"... es sabido que esta expresión no encierra ninguna intención realmente homicida... y de todos modos tampoco es que en el estado de narrador muerto del cual disfruto me afecte mucho esto.
Lamento no haber hecho al principio de este texto un recuento de mis cosas y una especie de testamento como suelo hacerlo más como ejercicio de memoria aunque tampoco debo tener tanta para un recuento tan exiguo... pienso que las cosas en el apartamento, las compartidas y las que aún son parte de mi vida personal, se las quedaría Rosa aunque también sé que ella consultaría con mi familia dada la reciente unión que llevamos... y no hablo del matrimonio ni de mudarnos juntos; en general nos conocemos hace relativamente poco y, para mi sorpresa, lo que pudiera ser un inconveniente para muchas mujeres, mi estado de solterón viviendo aún con mi madre pesó a favor en esta relación. La necesidad de llenar el otro lado y la avalancha de afinidades nos impuso una vida en pareja bastante rápidamente... después de todo es una lástima este padecimiento cardíaco con final prematuro, aunque, según mi opinión, este tipo de finales no son ni prematuros ni atrasados... se termina y ya, no hay margen a cuestionamientos. Muchas de las cosas ahora trasladadas al pequeño espacio cohabitado con mi esposa desde mi anterior ubicación son totalmente desechables: notas personales, souvenires, retratos de amigos, chequeras en blanco o copias de cheques, recortes de periódicos y revistas, hasta piedras y monedas... podrían botarse unas cuantas cajas de esta colección de objetos inservibles... sólo yo sería capaz de repasar todas estas cosas una por una como cuando intento organizarlas... soy el agente aglutinador de todo esto, sin mi una ratonera de principios de siglo no tiene nada que ver con una oración de san Francisco de Assis o con un bolígrafo con una dirección impresa; o una caja de lápices de colores no haría nada al lado de un beeper dañado.
En casa de mi madre quedarían mis esculturas y pinturas y nadie piense en una costosa colección de arte, estoy hablando de mis propios intentos... en esa área es donde más cosas inconclusas quedarían: lienzos a medio pintar, cartulinas esbozadas, terracotas sin cocinar e ideas sin concretar que ningún neurólogo podría escudriñar en una masa encefálica expuesta para la autopsia... ¿Adonde irán a parar las ideas?... ¿al mismo lugar que las ilusiones, los planes, los recuerdos y todo ese producto volátil de nuestro pensamiento? ¿será siempre necesario recurrir a algo visible, audible, palpable, olible, degustable, para trasmitir lo sentimientos? No obstante no creo mi producto intelectual tan relevante como para almacenarlo y archivarlo en esa maravilla de invento que sería algo así como el "back up" de nuestra memoria... ¿en cual momento exacto sacar o copiar estos datos..? quien sabe... una vez exhalado ese misterio de la vida... ¿quedará algún rastro de esto en nuestro cerebro?
Siempre salen las dudas, las preguntas sin respuesta; pero yendo por donde íbamos pienso en el tiesto de carro donde mi cuerpo sigue aún sentado... y hago un paréntesis para preguntarme si ese cuerpo mencionado varias veces como "mi cuerpo" es todavía mío, si no pertenece a mis seres queridos que lo despedirán como fetiche de mi existencia y como nada dije en vida al respecto lo podrán enterrar, incinerar o hundir en las aguas... o si ese cuerpo pertenece al universo al cual se fundirá mucho más comprobadamente que una discutida alma... volviendo al auto, posiblemente sea donado a un amigo o institución pues no creo que Rosa lo quiera después de encontrarme aquí en ese estado, de haber sabido este final no hubiéramos hecho el gasto en gomas nuevas aunque habiéndolo hecho con tarjeta de crédito quedará impago por deceso del acreditado...
Muchos se lamentarían, si pudieran, de no haber dado un abrazo, pedido una disculpa no haber dicho un "te quiero'... pero esas son pendejadas, cursilerías... en fin, ya amainó la lluvia... estoy sentado en mi auto con el motor aún en marcha y son casi las once... debo apurarme para buscar a Rosa pues si le digo que me se me hizo tarde pensando otro de mis cuentos ¡es capaz de matarme!

agosto 2003

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