...en esta etapa cuando comienza a cambiar nuestra percepción del entorno y la percepción de los otros hacia nosotros he podido aprender que lo frívolo puede ser importante o al menos es una parte de la vida no tan despreciable como cuando me tomaba las cosas más en serio; así les presento este blog tan intrascendente como otro cualquiera.


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Saturday, September 10, 2011

¿A que edad tenemos derecho a la privacidad?

Cuando el niño pre-adolescente comienza a salir un tanto del circuito paternal teniendo conciencia de un entorno más allá de su casa y haciendo relaciones con sus contemporáneos sin el control total de sus padres estos comienzan a seguir sus pasos para acechar cualquier peligro a veces catastrófico para la tierna existencia de su amado hijo. ¿A qué edad se tiene derecho a dejar de ser monitoreado por los padres?
Algunos argumentan y le recalcan en el primer encontronazo a sus hijos que no tienen derecho a hacer lo que quieran “hasta que no salgas de este techo” o “hasta que no puedas mantenerte por ti mismo”, asi la ley establezca una edad exacta para el comienzo de la adultez; claro que no se trata de “hacer lo que se quiera” siempre habrá normas sociales y domésticas aún de adultos, para regular un comportamiento molesto para quienes nos rodean, es lo que llamamos “sociedad”; se trata del límite para estar al tanto de las actividades del joven, de cuales y en qué término son sus relaciones con otros; mucho de este camino se allana con la plena confianza entre padres e hijos, mas, sin ser una estadística oficial seguramente menos del 50% de los padres tienen una comunicación franca y desinhibida con sus hijos para propiciar la voluntariedad del chico o chica para entregarle toda esa “información”; esto sin contar la tendencia cínica de la adolescencia algo con lo que debemos aprender a lidiar sin enfurecernos, sólo es recordar nuestro paso por esa etapa, el gran error de muchos es no situarse en la edad de los hijos y exigirles que se comporten como si ya hubieran pasado por nuestras experiencia y maduración que permite un mayor respeto para los demás para esperar ser respetados
El control a los jóvenes lleva a algunos padres a “violar” cierta normas de privacidad, ¿qué derecho tenemos a escuchar una conversación por teléfono? ¿a leer su correo? ¿a entrar en una habitación sin avisar o sin consentimiento?.... todo depende, supongo de cada caso; un policía, con orden judicial puede allanar la casa de un individuo sospechosos de un delito e incluso practicar un registro; en casa los padres son juez y policía y nuestra motivación es totalmente preventiva: evitar malos caminos al muchacho o muchacha y el castigo es aleccionador, mas no siempre persuasivo. En todo caso se debe ser muy cuidadoso y ubicarnos en nuestro alcance y limitaciones; ¿Debemos conocer al dedillo cuando y cómo fue la primera experiencia sexual de nuestra hija o hijo (incluyendo la masturbación)? ¿si le dio una “probadita” a la marihuana? ¿Si tiene dudas su preferencia sexual? ¿Debemos poner orden en su más privado hábitat (ese cuarto donde a veces no existe nuestro sentido de la higiene)?
En estos tiempos muchas cosas escandalizantes se han vuelto “normales” y los padres tienen cada vez menos argumentos para imponer una moral “obsoleta”. La educación sexual, tan delicada para muchas generaciones ya se sale del circuito hogareño y por ende hay otros conceptos volando fuera del nuestro, la droga sigue provocando desgracias pero algunos gobiernos estudian legalizar la marihuana (y hasta otras drogas), la posibilidad de la intervención del estado si se sospecha de un abuso de los padres es a veces un arma para el chantaje en los casos de relaciones muy deterioradas.
No puedo dar ninguna conclusión es este tema, no creo que ni psicólogos, sociólogos u otros especialistas puedan dar tampoco respuestas definitivas o categóricas ni fórmulas infalibles; es un tema que cambia a través del tiempo , al son del arribo de las siguientes generaciones a hacerse las mismas preguntas y siempre habrá familias totalmente “chapadas a la antigua” otras muy liberales, los intermedios, como siempre, son los más difíciles, aquellos que no tienen un extremo a seguir y se preguntan todas estas cosas siempre con la mezcla de amor, miedos y deseo de autoridad inherentes a la condición de padres.

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