...en esta etapa cuando comienza a cambiar nuestra percepción del entorno y la percepción de los otros hacia nosotros he podido aprender que lo frívolo puede ser importante o al menos es una parte de la vida no tan despreciable como cuando me tomaba las cosas más en serio; así les presento este blog tan intrascendente como otro cualquiera.


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Monday, September 5, 2011

Un paseo inesperado.

Ayer domingo decidimos, casi al mediodía, ir a la vereda(caserío) Santa Rosa de Tapias, arriba en la montaña después del pueblito de Zonzo; allí nos habían invitado unos amigos ex vecinos del otro barrio; no pensamos que fuera tan arriba, fuimos como a pasear un par de horas o algo así; también nos sorprendió el precio del transporte de Zonzo hacia arriba en un pequeño jeep lo cual nos dejó sin presupuesto para el almuerzo.
Desde una esquina de Zonzo, adonde nos deja el transporte urbano desde Buga se hace la conexión para algunos caseríos de la montaña, esta es la cordillera central de Los Andes; allá subimos por un tortuoso camino pavimentado, no pude disfrutar del paisaje porque estábamos en la parte de atrás del jeep ocupado por unas diez personas incluyendo dos niños, con el chofer iba una pareja con la muchacha embarazada.
La referencia para la entrada a Santa Rosa es la tienda “Tropicana”, entrando a la izquierda de esta por un camino destapado (sin pavimentar) se llega inmediatamente a una especie de plaza rodeada de casas entre ellas una iglesia pentecostal, al final hay dos “estacionamientos” para camiones, hechos con madera o guadua y zinc o eternit, sin paredes del alto de dos pisos por lo menos; nos dirigimos a la casa de nuestros amigos, íbamos preguntando por ellos desde el viaje porque la dirección no era muy precisa pero en estos lugares todos se conocen aunque a veces no den mucha información, al final el chofer mismo nos indicó donde era; sorprendimos a nuestra anfitriona, el esposo no estaba pues le tocó trabajar; de verdad nos dió pena hasta quedarnos a almorzar; sólo dimos una vuelta por el lugar y decidimos irnos sin contar con los horarios del transporte de regreso; el lugar son casas a lo largo de tres calles una pavimentada, las calles son bastante empinadas; todo lo rodea la majestuosa cordillera, a veces un pasacalles anunciando los candidatos a alcalde o gobernador interrumpían la visibilidad. En el lugar según supimos hay una escuela, una iglesia católica algo más arriba y hasta un balneario.
Hasta las cuatro de la tarde no salía ningún jeep o "chiva"( transporte rural muy típico de estas zonas montañosas colombianas, de hecho se ha comvertido en un emblema nacional) de regreso a Zonzo. Calculamos, de acuerdo al tiempo de subida, que en un par de horas caminando podríamos estar abajo; habíamos desayunado temprano y eran la una y media de la tarde pero, como dije, no nos alcanzaba el dinero para dos almuerzos amén de no haber visto por allí ningún restaurant, solo una sala de billar-bar de mala muerte y dos tiendas; en una de ellas compramos “bocadillos”, pequeñas porciones de dulce de guayaba en barra azucaradas por fuera y andábamos con un pomo con agua; asi nos dispusimos a bajar la montaña por toda la carretera.
Hacía mucho no hacíamos una caminata, lo primero fue notar cómo a pesar de la hora había una temperatura muy agradable, esto por la altura (por seguro más de 1000 metros, quizás 1200 o más) y lo otro por la vegetación; caminar por la cordillera es una experiencia sobrecogedora por la belleza, es camino asfaltado de dos sentidos de una vٌía cada uno, calculábamos que cualquiera podría llevarnos o adelantarnos de bajada pasaban motos con bastante frecuencia, generalmente con dos y hasta tres personas, dos motoristas, por separado, nos ofrecieron llevarnos, se suponía que los dos nos montáramos detrás del motorista; preferimos caminar, no me veía en uno de esos aparatos por todas esas eses con barrancos a un lado y ladera por el otro, nos pasó una camioneta “estaqueada” alta pero llevaba una mudanza y la cabina ya estaba llena; un taxi subió y aseguró regresar; también pasó un jeep grande, cerrado, también lleno, pero la mayoría eran motos algunas subían al parecer para el balneario; a veces había casas a orilla del camino, lo mismo modestas de adobe como la entrada de rejas de una mansión campestre; también avizoramos alguna bella finca; en un tramo había una ladera altísima a nuestra izquierda, impresionante, comenzando ese tramo una señal de tránsito indicaba el peligro de deslizamiento, vimos a la derecha un gran piedra partida a la mitad, seguramente había caído en algun momento; también se veía un rio empedrado más abajodel barranco, pasábamos por pequeños puentes, muy sólidos, de escasos metros; las vacas a lo lejos en la montaña parecían de juguete.
La vía no estaba jalonada con distancias ni había carteles indicando la distancia a Zonzo, era una verdadera aventura de desconexión, a la hora caminando estábamos ya bastante abajo y la vegetación refrescante cedió a cañaverales y plantíos, tomábamos el agua a sorbos porque no sabíamos a cómo íbamos a tocar y el sol a partir de este punto si castigaba, los bocadillos fue una excelente solución para mantenernos sin hambre; no había pasado ni cinco minutos en esta “segunda etapa” cuando pasó un camión grande estaqueado y paró unos metros adelante, conducía un joven y otro, con una mochila también había sido recogido por el camino; le camión aún olía a nuevo, cosa rara por estos lares, tods cabíamos en la cabina; cuando nos bajamos a la entrada del pueblo nos dimos cuenta que cuando nos recogieron nos faltaba la tercera parte del camino o quizás más, el jóven conductor no quiso cobrarnos nada otras rareza, ¿sería uno de estos ángeles misteriosos aparecidos en los momentos más precisos y necesarios?, caminamos un tramo para tomar un bus de regreso y en verdad no estábamos cansados. Disfruté mucho este paseo inesperado.


La foto NO corresponde al paseo a Santa Rosa de Tapias sino a otro por una cañada que va al Rio Guadalajara, esto por "Puente Abadía" en las afueras de Buga, Valle, Colombia.

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