...en esta etapa cuando comienza a cambiar nuestra percepción del entorno y la percepción de los otros hacia nosotros he podido aprender que lo frívolo puede ser importante o al menos es una parte de la vida no tan despreciable como cuando me tomaba las cosas más en serio; así les presento este blog tan intrascendente como otro cualquiera.


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Sunday, February 17, 2013

Lienzo inconcluso, zapatos negros, temperatura y otros apuntes en Miami

El árbol sobre fondo rojo que habita el lienzo a mi lado ha de quedarse otra semana más sin ser tocado por el pincel; hoy he amanecido con ganas de escribir y en esto se me diluirá el día ya avanzado más de su tercera parte cuando comienzo mi corogreafía digital sobre el teclado. Antes de esto he ido a la bodeguitra a buscar “pan cubano” no tanto por el deseo de mojarlo en el café con leche (degradado con leche dos porciento y café descafeinado) ni siquiera con la noble misión de proveérselo, calientito, a mi madre, antes de ella levantarse sinó como acostumbrado preámbulo a estos caracteres reveladores de mis pensamenteras.
Si un invento agradecería sería el escribridor  de pensamientos, un dispositivo donde quedara escrito todo lo que pienso; alguién me sugirió una grabadora, y no está mal y además ya está inventada en versiones de bolsillo con una apreciable capacidad de almacenamiento de palabras pero bien sabida es la diferencia entre los lenguajes hablado y escrito  y cuando camino pienso en términos de escritura, mientras camino hilvano y concateno frases y palabras con una lógica literaria, no conversacional,  puedo asi “escribir’ un par de párrafos en unas cuadras… mas al regresar a casa se me pueden haber olvidado los detalles; recuerdo, por ejemplo, que iba a referirme en este texto a mi encuentro con mis zapatos negros de trabajo, echados en la sala cuando salí del cuarto, allí los dejé anoche cuando me descalcé delante de la televisión a mi llegada de la noche de galerías  los dejé en esa descuidada pose mientras atendía un fragmento de “Juan Quinquín en Pueblo Mocho”, monumento fílmico a mis recuerdos infantiles; los zapatos negros, usados frecuentemente para trabajar pero confabulados anoche en una sobria indumentaria de diletante artístico pueden rememorar las botas de Hemingway igual de descuidadamente abandonadas en medio de una habitación en la finca “La Vijía” en La Habana, hoy museo dedicado a ese escritor (en esa locación vivió el singular personaje), las botas fueron dejadas en el mismo lugar donde estaban en el momento del suicidio de su dueño en otro lado del mundo. Mis oscuros zapatos pasados de moda, sin otro betún que el fábrica  también me evocan un detalle en un interior vanghoniano, una mancha de carboncillo en una colorida tela en medio de muebles tapizados a rayas anchas de tres colores y paredes atiborradas de telas pintadas donde es protagonista un payaso melonsonriente contra un rectángulo rojo.
También pensé escribir algo sobre la temperatura, ha sido el día más frio del remedo de invierno miamense, una despedida quizás que me hizo bajar las mangas de mi camisa de lana para proteger así mis más vulnerable área al frío y me hizo cerrar la boca para no dejar pasar el aire frío a mi garganta inflamada hace dos noches y recién recuperada ante la premura de una entrevista por la radio el sábado en la mañana (nada extraordinario, esas oportunidades que se dan en este mundo pequeño del arte en una ciudad no tan grande sobretodo si se pertenece a una comunidad específica empeñada en promover todo lo concerniente a esta)
En el camino a la bodeguita me tropecé a dos vecinos de avanzada edad, ambos encanecidos y embutidos en sendos abrigos oscuros, a ambos les espeté un “buenos dias” cuando les pasaba pero no me respondieron y eché de menos a ese otro vecino que más o menos a mitad de ese mismo trayecto siempre está barriendo la acera e intercambiamos saludo cuando hago este recorrido más temprano.
A veces me pregunto qué me impele a escribir las más mínimas cosas, querría hablar de las lajas de la acera separadas por una línea de minúscula pero insistente vegetación, lajas grises de metro y medio de ancho más o menos entre la porción de tierra a un lado y las cercas "de pirle" al otro en un barrio cercano al centro pero ya con aire de periferia si bien algunos ruidos urbanos llegan de lejos.
Por ahora es suficiente, siempre me acosa la premura de hacer otras cosas: adelantar el libro que escribo, leer algunas páginas (por estos días "La Noche de los Tiempos” de Muñoz Molina, una de las piezas más extensas entre mis manos en muchos años (le debo una reseña adelantada a esta nostálgica novela), también quiero escribir sobre mi experiencia en las galerías la cual retomo después de un empleo que me impidió asistir a estos eventos por un par de años… definitivamente hoy no voy a pintar a pesar de los amarillos que le faltan a ese árbol… de que he de bajarle el rojo y arreglar algo de la composición en la esquina inferior derecha…

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