...en esta etapa cuando comienza a cambiar nuestra percepción del entorno y la percepción de los otros hacia nosotros he podido aprender que lo frívolo puede ser importante o al menos es una parte de la vida no tan despreciable como cuando me tomaba las cosas más en serio; así les presento este blog tan intrascendente como otro cualquiera.


comments in this blog can be done in english

apuntes (158) arte (50) blog (62) cine (16) colombia (25) cuba (24) cuentos (16) decesos (40) diario (67) elecciones (25) escritores (8) hollywood 2011 (34) lectura (9) músicos (50) notas personales (30) noticias (66) oldest people (31) petróleo (5) realeza (55) reviews (14) sueños (40) topmodels (40)

Wednesday, April 22, 2015

Los que se fueron.

Durante mi ninéz, en la década del sesenta, tenía una idea muy graciosa del paso de los siglos: para mi, cada siglo traia su gente y al final era todo renovado, ni yo ni ninguno de mis conocidos amigos y familiares pasarían del lejano año 2000.... esto no era una tragedia para mi, sin embargo recuerdo haber despertado una mañana gritanto "yo no me quiero morir"... expresando un sentimiento bastante universal; contrario a esta explosión de terror tuve, por mucho tiempo, incluso más allá de mi infancia y lo mantuve en secreto la pueril creencia de ser eterno, sólo por pensarlo tenía yo esa "gracia"; mi decepción vino al leer, ya en mi adolescencia "La alegría de vivir" (Zola) donde el autor, no recuerdo si mediante uno de sus personajes, reveleba haber tenido este mismo pensamiento lo cual me hacía saber cómo todos (o al menos otros) tenían esa misma tonta percepción de un privilegio sin sentido.
En cuanto a los decesos de los otros no ocurrió, durante toda mi infancia la muerte de ningún familiar con excepción de abuelita Cacha, en realidad mi bisabuela, nacida en el siglo XIX, ella desbarataba mi teoría de la renovación de los siglos pero nunca percibí esa contradicción; la visité varias veces en el apartamento del segundo piso sobre la calle Campanario donde vivía con con dos de sus hijos: Tio Dómino y Armando, el primero era mago y animó alguno de mis cumpleaños, se fue para España y no supe nunca más de él; Armando tenía una oscura leyenda en su pueblo natal (algo relacionado con un crimen pasional), su esposa "Cusa" (nunca supe su nombre real) y su hija y nieta también vivían allí y por  temporadas su yerno este útimo (el matrimonio de Rosa María se deshizo y rehizo varias veces); Rosa María  fue una de mis profesoras de historia en la secundaria y su hija Norka María mi compañera de aula y amor platónico de mi mejor amigo... todas estas gentes, exceptuando los de mi generación, están bajo tierra hace años... por cierto abuelita Cacha sobrevivió no solo al padre de sus hijos sino a mi abuela Milagros y su yerno Roberto, no conocí a estos abuelos... no estuve en su funeral porque me consideraron muy pequeño para tales ceremonias, no recuerdo haber preguntado más por ella, su no existencia fue algo normal para mi, como si hubiera sido un personaje soñado con su delgadez, su pelo canoso recogido en una corona detrás, su vestidos floreaditos de colores sobrios, sus collares.
Quizás por esta escacez de funerales familiares llevaba en cuenta las muerte de mis vecinos; vivíamos en un pequeño apartamento al fondo de un pasillo en los bajos de un edificio de tres plantas; el edificio estaba en el mismo centro de la cuadra sobre la calzada de San Lázaro, tan ecléptico como todos los de la zona: el portón de dos hojas, de madera oscura pespunteado de por grandes clavos era coronado por un medio punto con balaustres tambien de madera; el pasillo,  tapizado de azulejos con una profusa decoración fitomorfa tornasolada hasta metro y medio de altura, cointinuaban hacia arriba en una imitación de piedra color chocolate de textura rugosa; a mitad de pasillo, hacia la izquierda estaba la escalera de mármol gris y pasamanos de reja de hierro (como los balcones afuera) coronado por el mismo material de los pasos; las puertas de los apartamentos eran altas, no porque yo fuera niño, crecí allí, el puntal interior de los apartamentos de la planta baja era de cinco metros cuarenta centímetros; las puertas eran altas, negras, los herrajes color bronce tanto los picaportes (los "pomos" de las puertas como se les llama en Cuba), el "Yale" (lo pronuciábamos tal y como se lee en español y era un marca de cerraduras) como la "mirilla", una sofisticada pieza empotrada a la altura del ojo de un adulto con una puertecilla para abrir y mirar afuera quien tocaba a la puerta... por cierto no recuerdo si existía alguna aldaba... a lo alto encima de la puerta había un cristal cuadrado nevado; en el apartamento donde viví, el número seis, a la altura de ese cristal, por dentro, había una pequeña base con una copa de agua, nunca supe quien podría tomar de ella allá tan alta ni nunca vi cambiarle el agua pero se mantenía alli, una veces con el agua más cristalina que otras, a veces llena o a la mitad.
En total eran diecinueve apartamentos en el edificio pintado de azul y gris cuando me fui de allí, seis en cada planta y uno en la azotea donde vivían una pareja de viejitos sin hijos, María y León, él trabajaba en la bodega en la sección donde se expendía el luz brillante el alcohol y los refrescos (cuando correspondian el dia del cumpleaños), esto por la calle Aramburu pues el frente principal de la bodega "La Princesa" daba a San Lazaro, esta bodega perteneció, antes de ser intervenida por el gobierno (no por falta de pago de impuestos sino por el cambio de leyes impuesto por La Revolución) a mi tio politico, el chino Emilio Li, esto sepodía ver en los rótulos de los viejos refrigeradores donde se ponía la manteca y la mantequilla, esta última comenzó a distribuirse a a principios de los setenta, antes de esto la había probado en algún restaurant; en una foto reciente de este lugar vi cómo el nombre lo habían cambiado por "la competencia" y los estantes estaban casi vacios; la misma amiga le tomó fotos de la entrada de este edificio que describe ahora y me trajos los imcomparables aires de esos años.
Más o menos sabíamos quienes vivian en cada uno de los apartamentos del edificio; por supuesto teniamos más detalles de los vecinos de nuestra planta, además se mantuvieron por muchos años los mismos, el apartamento uno fue el único por donde pasaron tres familias, vivio allí un cirujano de los ojos, en su mudada dejó regado en el pasillo un folleto de una operación ocular con unas ilustraciones bien detalladas y esto me impresionó muchísimo; luego se pasaron allí una pareja con su hijo Jorgito y el hermano de ella. Osmel, este era estibador de los muelles inexplicablemente flaco como vara y por último Beba, quien hablaba francés, su esposo e hijo; en el apartamento tres también hubo un cambio: al principio vivia la viejita María, como había  cuatro Marias en el edificio los muchados la diferenciábamos llamándolas "Maria la O" a esta del apartamento tres porque era gordita, a la esposa de León era "María la de los altos" y la del segundo piso y era "María, Instituto de Meteorologia" pues era muy chismosa y siempre estaba dando el parte, estaba emparentada con mis vecinos de al lado donde vivía la otra María primera persona en ponerme una biblia en mis manos (en una epoca de intolerancia religiosa en Cuba) alli vivía con tres sobrinos: Rafael, trabajaba en la Academia de Historia, un dia me presto un gruesísimo volumen de historia de Cuba impreso a finales del XIX o principios del XX; Gudelia la dentista y Esther y el esposo de este última, zapatero de zapatos ortopédicos, todos ellos se mudaron para el Vedado a una casa más adecuada para tanta gente y se mudaron a ese apartamento cinco una pareja mayor de Contramaestre (provincia de Oriente); al viejito le amputaron el antebrazo izquierdo más adelante, no se por qué; hasta morir vivió reclamando una  indemnizacion por la confiscacion de su negocio de transporte de pasajeros entre Contramaestre y Santiago de Cuba.  En el tres, como no terminé de decir, donde vivió Maria la O, se mudaron unos orientales de Sagua la Grande: Nancy, sus esposo Juan, cortayerba de parques, el padre de este. quien me prestó una máquina de escribir para saciar mis precoces deseos literarios, y sus hijo Adael a quien todos conociamos como "Oriente" y Niurkita su hermana; Juan y su padre murieron viviendo alli en ese edificio como también la viejita del apartamento dos, la madre de Juana la repostera Juana una "gusana" declarada (así le decían a quienes refunfuñaban en contra del gobierno) me prestó, uno a uno los tomos de la enciclopedia "El Tesoro de la Juventud" una verdadro Tesoro de mi infancia, una d elas pocas n llevarse con ella era mi madre, de topdos modos nodotros nos íbamos del país (aunque esto fue frustrado por una decisión de mi padre cuando nos llegó "la salida" a mis diez años de edad)  Juana y su esposo eran de Morón, Camaguey, no tenían hijos, se trajeron un sobrino, este se enredó  con la vecinita del cuatro (barriga incluida) estos del cuatro no eran los vecinos originales tampoco, primero vivió alli Enidia, Bebo y su cuatro hijos, Noel, Eduardo, Irenaldo y Olguita, ellos se bañaban desnudos en el patio trasero; podíamos verlos desde nuestra ventana, también le daba una palizas históricas, no por esto sino por sus bellaquerias; aún cuando Irenaldo estuvo enyesado hasta el pecho creo que por una de esas palizas del padre borracho (era bartender de un club social) el padre le pegaba y Enidia casi lo ahoga metiéndole la cabeza en la bañadera porque no quería comer; nunca se recuperó del todo de esa cadera y le llamábamos "el cojo" a Eduardo se le llamaba "el loco"' y era como de malos sentimientos; en la época de su inmovilidad estreché amistad con Irenaldo pero esta no duró hasta la adultez.
Este material debió hablar más de quienes me han antecedido en el inevitable paso a la muerte pero una vez me meto en ese edificio son muchos los recuerdos, mi intención era repasar un poco a quienes se habian ido digamos que de una manera "prematura" gente de mi generación como Bernasé, quien pasó conmigo el séptimo grado y murió con leusemia o un tal Benitez que estuvo en la lista de mi aula de décimo grado hasta que se notificó que había muerto de un accidente cuando venía colgado de la puerta de la guagua (bus) como se acostumbraba cuando venían muy llenas, es decir, siempre después saltaría a mi tio Roberto (mi tocayo) quien murió ahogado un día de mi cumpleaños, lo cual no me impresionó mucho porque apenas lo conocía, conocí a sus cuatro hijas, mis primas después de esto hacienda un larguiiiisiomo viaje a San José de las Lajas... en mi paso por Bogotá en el año 1993 murió mi  abuelo Anselmo aunque no prematuramente, tenía ochenta y cinco años cumplidos...; habria mucho por escribir de colegas como el suicida Pedro Amador, el borracho Jesse Rios, el jodedor de Ricardo López, el jodedorsísimo pero con una gran pena personal de Bonachea... y de la familia que a su tiempo se fue hablaría de Miamibuela, conocida tardíamente cuando por fín alcancé Miami, curiosamente murió estando yo también en Bogotá de visita, a la misma edad de Papabuelo, quince años después, esa era su diferencia de edad... mi padre y tio Rubén también murieron en los útimos cinco años separados por un mar sin haberse visto en muchas décadas, a todo ellos les dedicaré unas líneas más adelante no por estar obsecionado con los muertos sino porque ellos me dan la opción de un resumen terminado, su ciclo ya se cerró, no se van a mudar ni a cambiar de estilo de vida ... por el momento queda aquí la memoria de quienes se fueron de aquellos apartamentos de los bajos de San Lazaro 960.

No comments: